De sobra sabes…

A mi, aún permitiéndome el lujo de llamarme jovencita, hace muchos años que la música del maestro Sabina le ha ido poniendo banda sonora a muchos de los momentos más importantes de mi vida. Esta elección, pese a mi edad, no vino por influencia paterna, ni de ningún otro tipo, sino por propio criterio. Uno no decide cuándo una canción es capaz de arrancar un trozo de tu alma y cambiarse por ella; es la canción la que lo hace por sí sola. Y eso más o menos me pasó a mi…

Ha pasado mucho tiempo de escuchas, llantos, risas, de ni siquiera ser capaz de oir ni una sola nota sin que la garganta se anude, e incluso de algunas versiones karaokeras; pero finalmente, he tenido la oportunidad de enfrentarme, cara a cara, con aquellos sonidos que tantos sentimientos han removido desde que un día, Joaquín se cruzara en mi camino…

Por fin, el pasado sábado 11 de Septiembre, como parte de la Gira Vinagre y Rosas, Joaquín Sabina actuó en el Auditorio Rocío Jurado en La Cartuja, y allí que estaba yo dispuesta a dejarme la garganta.
Tenía un poco de miedo a la decepción. Se escuchan tantas cosas…. Aunque ya me habían dicho, fuentes muy fiables, que el tío estaba en plena forma y que te hacía pasar un rato de buena música, e incluso un poquito de Rock&Roll…

Eran las 22:00 de la noche cuando, a los sones de Lili Marlenne Sabina y compañía se prepararon en el escenario para arrancar haciendo un “solo desafinado con las cenizas del amor…” metiéndose en el bolsillo al público desde primer momento con Tiramisú de limón.


Continuó con Viudita de Cliquot, también de su último disco, y a partir de ahí, aunque intercalando algunas canciones más de Vinagre y rosas, comenzó a desenpolvar sus clásicos, el Sabina de siempre y por el que estábamos todos allí.

Tres horas de espectáculo… ¿Qué decir?… Simplemente me encantó.

Fue un concierto variado, nada monótono. Alternó baladas con sus canciones más rockeras, cantó solo, acompañado, cantaron sus músicos (me emocionó Antonio García de Diego con Amor se llama al juego), hubo momentos íntimos, y muy muy colectivos…. Salí de allí casi sin palabras.

Y yo… canté muchísimo, me reí cuando hablaba tratando de hacer las paces con el público sevillano tras la polémica en Huelva (y vaya si lo consiguió…¡qué pillo!), lloré; si, lloré. No es que tuviera “malas compañías”, pero fue como viajar en una montaña rusa acudir con tal compañero de viaje, y con sólo escuchar “de sobra sabes, que eres la primera…” no me pude contener.

Hubo una “princesa” un tanto rockandrollera, no faltaron mis predilectos “peces de ciudad”, fue como una estupenda “noche de boda” “contigo”, en la que no faltó ni “el pirata cojo”; así que a mi, desde luego, en mi pueblo con bar, esa noche, después del concierto; “me dieron las diez y las once, las doce y la una y las dos y las tres……”

 

 

 

 

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